En La Sala De Espera
Alzo la mirada y la encuentro, unos ojos acusadores apuntando hacia mi maleta, que ocupa uno de los veinte asientos libres que quedan en la sala de embarque. Retiro la maleta y se sienta a mi lado.
A mi izquierda, una pareja se habla en susurros desprovistos de amor. No susurran nada inconfesable, lo hacen únicamente para no molestar. Aún así, las manos continúan entrelazadas, una costumbre demasiado arraigada con la que aparentan ser una pareja, o quizá un último intento por mantener algún tipo de contacto.
En frente me encuentro un grupo hablando animadamente. Españoles que se conocen en el extranjero y comentan sus experiencias. A los 5 minutos parecen conocerse de toda la vida, y una de las parejas ya quedó para llevar a la otra a casa. Unión que se sustenta en críticas comunes hacia un mismo “enemigo”. Cada día se pueden observar más relaciones basadas en lo que detestamos que en lo que admiramos…
A mi derecha, los ojos acusadores rodeados de un rostro negro y surcado de arrugas. Tiene una gran presencia, una vieja que parece provenir de alguna tribu africana, aunque con una sutil diferencia: habla un perfecto inglés aristocrático, viste falda y chaqueta con cuadros blancos y negros y su cabeza real está coronada por un sombrero negro con plumas (¿desafiando el tiempo, señora?), un toque rosa chicle en el bolso y ese rostro… Definitivamente es el rostro. Esos ojos muy abiertos que pretenden intimidar. Pero esa mirada sólo denota locura.
“Si, estoy escribiendo sobre usted”, me gustaría decirle cuando pillo ese ojo saltón tratando de averiguar si puede descifrar mi escritura. No, no creo que pueda. Su rostro se muestra demasiado indignado ante tanta falta de modales como para imaginármela mezclada con la chusma ibérica que la rodea.
“she´s bad. It´s been like that for hundreds of years” a saber de quién habla, puede que hasta de mí. Sólo le falta lanzar un conjuro y me convertiré en sapo. Mueve los labios y suelta frases sin sentido, con la misma cara estupefacta ante tanto mal gusto y tanta ordinariez. Me encantaría estudiarla más a fondo, da la sensación de que se pudiese escribir un libro. ¡Vayapordiós! El de su derecha se ha atrevido a rozarle y amenaza con llegar a tocarle, ¡cuánto atrevimiento! Ese gesto merecía una foto.
Me río, imposible evitarlo. Levanto la vista y me encuentro unos ojos cómplices, libreta en mano incluida. Sonreímos y seguimos escribiendo. No hace falta decir que a ambos nos ha impactado esa presencia. O… espera, no estarás escribiendo sobre mí… ¿no??
A mi izquierda, una pareja se habla en susurros desprovistos de amor. No susurran nada inconfesable, lo hacen únicamente para no molestar. Aún así, las manos continúan entrelazadas, una costumbre demasiado arraigada con la que aparentan ser una pareja, o quizá un último intento por mantener algún tipo de contacto.
En frente me encuentro un grupo hablando animadamente. Españoles que se conocen en el extranjero y comentan sus experiencias. A los 5 minutos parecen conocerse de toda la vida, y una de las parejas ya quedó para llevar a la otra a casa. Unión que se sustenta en críticas comunes hacia un mismo “enemigo”. Cada día se pueden observar más relaciones basadas en lo que detestamos que en lo que admiramos…
A mi derecha, los ojos acusadores rodeados de un rostro negro y surcado de arrugas. Tiene una gran presencia, una vieja que parece provenir de alguna tribu africana, aunque con una sutil diferencia: habla un perfecto inglés aristocrático, viste falda y chaqueta con cuadros blancos y negros y su cabeza real está coronada por un sombrero negro con plumas (¿desafiando el tiempo, señora?), un toque rosa chicle en el bolso y ese rostro… Definitivamente es el rostro. Esos ojos muy abiertos que pretenden intimidar. Pero esa mirada sólo denota locura.
“Si, estoy escribiendo sobre usted”, me gustaría decirle cuando pillo ese ojo saltón tratando de averiguar si puede descifrar mi escritura. No, no creo que pueda. Su rostro se muestra demasiado indignado ante tanta falta de modales como para imaginármela mezclada con la chusma ibérica que la rodea.
“she´s bad. It´s been like that for hundreds of years” a saber de quién habla, puede que hasta de mí. Sólo le falta lanzar un conjuro y me convertiré en sapo. Mueve los labios y suelta frases sin sentido, con la misma cara estupefacta ante tanto mal gusto y tanta ordinariez. Me encantaría estudiarla más a fondo, da la sensación de que se pudiese escribir un libro. ¡Vayapordiós! El de su derecha se ha atrevido a rozarle y amenaza con llegar a tocarle, ¡cuánto atrevimiento! Ese gesto merecía una foto.
Me río, imposible evitarlo. Levanto la vista y me encuentro unos ojos cómplices, libreta en mano incluida. Sonreímos y seguimos escribiendo. No hace falta decir que a ambos nos ha impactado esa presencia. O… espera, no estarás escribiendo sobre mí… ¿no??

23 Comments:
Jejeje... si tú lo haces sobre él, quizá él lo haga sobre ti. Quizá tu pose, tu sutil sonrisa... tu curiosidad despertó la suya:
Ella observa fijamente su alrededor, examina cada detalle que la envuelve. Se nota distraida, más bien entretenida. Quizá perturbada por la presencia que le acompaña a su derecha... ups! me ha mirado y me ha sonreido... ¿se habrá dado cuenta de que la describo?
jajaja si bueno, fue una sensación extraña. Suelo fijarme en la gente, en su mirada, en sus gestos y trato de descifrar algo más o al menos imaginármelo. De pronto encontrarte a otro "observador", algo no muy común, inquieta. Más que nada porque al pensar que yo estaba juzgando a diestro y siniestro pues quieras que no te preguntas ¿también él estará escribiendo sobre "nosotros"? (porque es lo que parecía) Y si es así ¿qué habrá visto de mí más allá de la mirada crítica y la risa contenida? ¿habrá juzgado equivocadamente o habrá acertado de pleno? aahhhhh si es que en el fondo soy una maruja (para lo que me interesa), sólo me faltan los rulos y la bata rosa
¡Qué dices de maruja! Ser observador de gentes es otra cosa muy distinta. De eso se aprende, pero en la marujonería no existe ninguna intencionalidad de ese tipo.
Ciao.
El otro día tuve una sensación algo similar...
Cuando me monto en el bus urbano, por aquello de tener una perspectiva más alta, si por algún semáforo en rojo se para un coche cerca de mi ventanilla lo observo. Se que no va a haber un encontronazo de miradas porque en su caso tendrían que mirar hacia arriba y no es tan cómodo como hacerlo hacia abajo... así que examino a la gente que va dentro, si pegan con el coche ;), si hacen gestos de cansancio, si van acompañados, si estan atentos a el tráfico...
Pero justo ayer, cuando iba en mi coche de acompañante, se me paró al lado el bus urbano... conociendo mi manía miré hacia la ventanilla y me vi como otra persona me miraba, supongo, examinandome de la misma forma.
Sí que inquieta, sí...
Sí que nos suele pasar a los que pecamos de observadores. A mí no me gusta nada que me miren.
Una chica inglesa me dijo una vez que la principal diferencia que veía con su país es que en España cuando dos miradas se encontraban, se mantenían diez veces más que en Inglaterra.
Me recuerda a la escena de la estación de "El espíritu de la colmena", con ese soldado que mira a la mujer desde la ventanilla y no aparta la mirada hasta que desaparece el tren.
pero bueno minino, ¿cómo osas decir que en la marujería no se aprende? pero si las telenovelas son un reflejo de la vida misma!
Bechosss
Mayka, supongo que no es lo mismo cuando lo hacemos nosotros... aunque no creas, puede que en lugar de examinarte de la forma que tú crees lo hiciera de otra menos "profunda" ;) si es que tienes que ir encandilando por ahí!
Vaya DON mendo, otra peli que no he visto y que supongo que me recomiendas. la apuntaré.
Yo viví una experiencia semejante, pero en autobús, que le quita parte de aire romántico al asunto... Yo estaba en la parada y el chico dentro sentado, nos quedamos mirando unos cinco minutos (o qué se yo!) y cuando el autobús empezó a andar él se levantó y se dirigió al final del autobús para despedirse desde la parte trasera con una de las sonrisas más lindas que he visto en mi vida. Es lo bueno que tienen estos recuerdos, nunca les das la oportunidad de decepcionarte...
(uff vaya parrafada!)
de verdad q no aguanto la sobervia de mucha gente... le tenias q haber sacado la lengua!!! XD
besos!
Bueno... yo desligué de la marujonería la telenovela y me senté en el "tomate", pero vale, supongo que algo se podrá aprender. Jeje.
Y sí, apunta la peli de Don Mendo, que es de visionado necesario, te lo aseguro. Jeje. Y yo te dejo otra del mismo cineasta (Víctor Erice): "El sur".
"y me centré en el tomate..."
Perdón.
lo tendré en cuenta para la próxima súcubo, la lengua y lo que haga falta!
más besosss
vaya minino, tendrás que tener los pantalones bonitos...
El sur sí que la vi, a ver si entre los dos me haceis toda una experta en cine!
La verdad es que por más que las telenovelas resultan a veces el único tema del que hablar, nunca conseguí engancharme a una! Tengo esa espinita clavada...
¿Serás tú un espécimen retratado en un blog por otra persona? ¿Será paranoia?
En fin, por lo que veo, o eres un sapo con manos, o hemos tenido suerte y no ha habido conversión!
Besos!
Es una paranoia, fijo, pero ralla poner a la gente en el punto de mira y pensar que algún día puedas ser tú!
En fin, aquí el sapo se despide con un beso, a ver si da resultado el cuento al revés
Hola:
Soy nuevo aquí.
Primero: Me ha encantado tu visita, aunque algo escondida, te encontré. Gracias.
Segundo: Cuando viajo por el extranjero soy de los huyen cuando oyen hablar en castellano, me gusta integrarme en el entorno, pasar por uno de ellos y procuro no revelar mi identidad. Es la mejor forma de aprender y de espiar. Quien sabe, lo mismo hemos coincidido en alguna terminal. Proxima parada, no lo se, ¿Quien sabe? En lo incierto está el encanto, la magia de lo desconocido, aunque sea una vieja con un sombrero estrambotico, o un turco en una pizzeria en Irlanda chapurreando italiano bebiendo grappa. Encantado de leerte.
Un Bacio.
Edu
PD: Vaya rollo para ser el primer comentario.
Yo también tengo esa manía de observar e imaginar todo el entorno, y el por qué están ahí... parece que somos varios, jaja...
Está muy bueno, se puede aprender bastante...
La verdad que nunca me dí cuenta si alguna vez fui observada y analizada de la misma forma.
Saludos!
Bienvenido terminus! es que a veces me asalta la timidez y me escuendo...
La verdad es que cuando visito suelo observar bastante, y en algunos casos me da por conocer a gente. No hay ninguna sensación parecida a estar rodeado de personas tan lejanas y dispares y mantener la mente abierta para aprender. fijo que podemos aprender muchisimo del turco en la pizzeria de Irlanda que chapurrea italiano mientras bebe grappa.
Yo si que estoy encantada de que te pases por aquí,
Sandra
carolina! he echado un vistazo a tu blog y me encantas! permíteme que me tome otro rato para leerlo detenidamente y dejarte un saludo.
Así que la próxima vez que vea una chica argentina con cara dulce y con expresión de preguntarse mil cosas, te saludaré!
Besos!
Qué bonita la historia del autobús, a mi nunca me pasan cosas así.
Aunque fue bastante idiota, debería haberse bajado. Todavía se estará arrepintiendo (o debería).
A tí seguro que te pasan esas cosas, sólo que no te darás cuenta "¿me está mirando a mí? que va, tiene que ser al de al lao"
De todas maneras, lo que pasó fue gracias a la barrera de que sabía que no se iba a poder bajar, si no no creo que hubiera mantenido la mirada más de un segundo.
Mis mofletes coloraos y yo te damos las gracias por la parte que nos toca!
Gracias!!! Me alegra que te haya gustado. A mí también me guesta tu blog.
:)
(y lo de cara dulce, bue... no sé si será tan así, jajaja)
Besos!
oye carolina! no me lleves la contraria! si yo digo que tienes que tener un gesto dulce es que lo tienes y punto! jajaja
ya te dejé un saludo, y ahora un abrazo :)
Muy rebuenas..
Me gustaría compartir una historia, una fábula que espero sea clarificadora tras su lectura o puede que quizás tras un tiempo de reflexión, lo que si que es cierto es que es compartida con placer, como el resto de los post.
LA GAVIOTA Y EL ARCOIRIS
Una gaviota volaba inmersa en una bruma de otoño, cuando a lo lejos vio encenderse el arco iris. Asombrada por lo que creyó la entrada del cielo, se lanzó en su persecución. Pero cuanto mayores eran sus esfuerzos para alcanzarlo, tanto más escurridizo se tornaba el insólito fenómeno, hasta que por fin cayó al suelo exhausta. En aquellas circunstancias límites , oyó una misteriosa voz que le dijo:
-De la misma manera que el arco iris es una condición del que observa y no una realidad, también lo es tu mundo con sus colores y formas. Todo depende de las condiciones del observador, y de ella surge lo que llamas realidad.
Entonces supo la gaviota que había alcanzado, por fin , el arco iris.
-Insignificancias, de Toni Bennássar-
Un cálido saludo luminoso.
Sí, por supuesto fue mi "realidad" lo que observé, no la de los observados. Por ello creo que fue que me incomodó la mirada del chico. Como decía más arriba, pensé que me podría "juzgar" de la manera con la que yo lo hacía, y en mi interior supe que me faltaban muchos datos para contentarme con la opinión que tenía de ellos.
Pero es lo que tiene el aburrimiento.
Gracias por compartir y por el saludo, que falta me hace en este lugar tan frío y a estas alturas del año. yo sólo puedo ofrecer uno fresco y nublado. qué envidia
" De las largas distancias,las más cercanas nos acercan a realidades del alma ".
Qúe bueno es darse cuenta de la existencia de diferentes y diversas realidades y es que,
¿Es el mapa, la realidad?.
De la respuesta de esta pregunta sencilla pueden derivarse un sin fín de curiosos matices.
Un saludo reconfortante.
Very best site. Keep working. Will return in the near future.
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